
OPMEGA RECLAMA A LA XUNTA QUE LLEVE A BRUSELAS EL VALOR AMBIENTAL DE LAS BATEAS
La organización pide que el estudio del IIM-CSIC sobre los servicios ecosistémicos del cultivo de mejillón forme parte de los argumentos de Galicia en la negociación del marco financiero europeo 2028-2034 y de la reforma de la Política Pesquera Común
Opmega reclama también que esa valoración se incorpore al estudio sobre la capacidad de carga de las rías que la Xunta encargó a la USC y que finaliza este año
Vilagarcía de Arousa, 16 de septiembre de 2026. Opmega pide a la Consellería do Mar que incorpore el valor ambiental de las bateas, ya cuantificado por el Instituto de Investigaciones Marinas del CSIC, a la posición que Galicia defiende ante las instituciones europeas. La organización de productores responde así al llamamiento a la unidad entre el sector y las administraciones que la conselleira, Marta Villaverde, realizó en los últimos días.
Previamente, Villaverde había reclamado en el Parlamento Europeo una asignación mínima de 7.290 millones de euros para pesca y acuicultura en el marco financiero plurianual 2028-2034. Para Opmega, esa negociación y la de la reforma de la Política Pesquera Común son precisamente los ámbitos en los que el trabajo científico encargado por la organización puede resultar más útil.
«Estamos de acuerdo con la conselleira en que a Bruselas hay que ir unidos. Lo que pedimos es que se lleve el mejor argumento que tenemos, y ahora mismo es este: las bateas no solo producen mejillón, cuidan las rías, y eso ya no es una opinión del sector, está medido por el CSIC», señala el presidente de Opmega, Ricardo Herbón.
El estudio al que se refiere la organización, «El cultivo de mejillón, una actividad sostenible. Valoración de los servicios ecosistémicos proporcionados por el cultivo de mejillón de Opmega», fue elaborado por el investigador X. Antón Á. Salgado, del IIM-CSIC, y por la consultora Ana Vila, de Inxenia, con la colaboración de J. Severino P. Ibánhez y Nicolás Villacieros Robineau. Forma parte del plan operativo de la organización y cuenta con la cofinanciación de la Unión Europea. Es el primer trabajo que mide de forma integral los beneficios que generan las bateas más allá de la producción de alimento, a través de cuatro categorías de servicios ecosistémicos: provisión, regulación, soporte y culturales.
Entre sus conclusiones figuran la baja huella de carbono del mejillón frente a otras fuentes de proteína animal, la contribución de las bateas a la calidad del agua mediante la filtración y la retención de nutrientes, el aprovechamiento de la concha en sectores como la agricultura o la construcción y su papel como reserva alcalina frente a la acidificación oceánica, además de su efecto protector sobre la línea de costa y del peso de la actividad en la cultura marinera de las Rías Baixas.
La segunda petición de Opmega mira hacia dentro, hacia casa. La Xunta encargó a la Universidade de Santiago, a través de los centros iARCUS y CRETUS, un estudio sobre la capacidad de carga del cultivo de moluscos en las rías de Arousa y Muros-Noia que debe finalizar este año. La organización considera que ese trabajo quedaría incompleto si mide únicamente los impactos del cultivo y no los servicios que presta, y pide que ambas dimensiones se valoren conjuntamente antes de tomar decisiones sobre la ordenación de los polígonos.
Entrada de mejillón foráneo
Opmega vuelve a poner sobre la mesa una tercera cuestión que lleva tiempo pendiente: la entrada en el mercado europeo de mejillón importado que no está sujeto a las mismas normas arancelarias. La organización sostiene que la entrada de producto sin aranceles perjudica gravemente al mejillón gallego y a las industrias que apuestan exclusivamente por nuestro producto.
«No estamos pidiendo un trato de favor, estamos pidiendo que lo que hacemos cuente», añade Herbón. «Si Europa quiere producción de alimentos sostenible, que mire a las rías gallegas y que lo que encuentre aquí tenga consecuencias en el reparto de los fondos y en las reglas del mercado”.